Actualidad

Seguridad privada para acorralar al COVID-19

Aquí en España, aún a la espera de test, mascarillas y equipos y con miles de ciudadanos en cuarentena dentro de sus casas, se ha optado por prescribir aislamiento total a aquellas personas con síntomas leves, pero sin prueba alguna que pueda catalogarlos como “positivos”. Esto impide una importante labor de investigación que nos permitiría identificar los focos y núcleos de población más afectados por el virus y así poder adoptar las medidas de contención adecuadas de forma más precisa. ¡Y esa labor es posible!

Vemos las noticias sobre la pandemia que se amontonan en nuestras redes sociales y reconocemos la oleada de solidaridad de la población, de particulares y colectivos profesionales, algunos, paradojas de la vida, grandes damnificados por la gran crisis que arrastrábamos desde el 2008.

Profesionales del futuro

En nuestro pasado más reciente, ese que vivíamos hasta hace unas semanas, se decía que el 80% de las profesiones del futuro aún no existían. Quizás hoy es ya ese futuro y lo más importante sea averiguar cuál puede ser nuestra utilidad social. Partimos de un denominador común a “casi” todos: no podemos salir de casa. Ante esta nueva realidad, estamos obligados a adaptarnos con urgencia y actuar, porque hay momentos en los que todas las manos y todas las habilidades se vuelven imprescindibles (“Para hacer esta muralla tráiganme todas las manos…” decía la canción)

Tiempos convulsos, donde un día florece el almendro y al día siguiente el frío arrebata sus brotes dejándolo desnudo y vulnerable. Son días de justicia social, donde la gente que llamábamos “normal” se convierte en héroes y heroínas: sanitarios, profesores, trabajadores del primer sector, miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, servicios de limpieza (tan fundamentales en estos momentos), trabajadores-as de mercados, supermercados, farmacias… la lista es muy larga, pero caigo en la cuenta de que hay un sector olvidado que no se menciona en las noticias: el de la Seguridad Privada. Un colectivo que ya estaba en primera línea de fuego salvaguardando supermercados, transporte público, hospitales, prisiones, empresas públicas y privadas cuando aún no se conocía la magnitud del enemigo al que nos enfrentamos.

Un colectivo, regulado por la Ley de Seguridad Privada 5/2014 que incluye a Jefes y Directores de Seguridad, vigilantes de seguridad, guardas rurales y detectives.

Su importante misión es “garantizar la acción concertada de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y el personal de las empresas de seguridad privada” como reza el real decreto del 14 marzo, por el que se declara el estado de alarma y les pone a las órdenes del Ministerio de Interior. Y se subraya la importancia de la colaboración público privada. Ahora sí, hace falta colaboración no sólo control.

Hay que recordar que estos valientes vigilantes de seguridad, que se encuentran sin suficientes medios de protección, son casi 85000 profesionales lo que representaría un verdadero ejército, si lo comparamos con los 1350 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) o incluso el total de 2.600 efectivos que este miércoles sumará La Operación Balmis, que coordina la participación de las Fuerzas Armadas en la lucha para frenar la expansión del coronavirus, según ha anunciado el Ministerio de Defensa. A la Unidad Militar de Emergencias (UME), que inició el domingo patrullas de vigilancia y desinfección, se suman el Ejército de Tierra y la Infantería de Marina.

Sé que hay una lista de prioridades en estos momentos, pero la realización masiva de test y la identificación de las “zonas 0” de la infección, están siendo fundamentales en otros países como Corea del Sur, con una población similar a la de España.

Hay adaptar las profesiones, las unidades de registro y control que tiene este colectivo con el Ministerio de Interior pueden ser nexo de comunicación entre el colectivo y las necesidades de investigación. No es algo nuevo la contratación de civiles, para luchar contra el cibercrimen la policía ha tenido que reclutar hackers y/o expertos en ciberseguridad ¿cómo no va a ser posible integrar a detectives formados para realizar labores urgentes con el objetivo de derrocar a este enemigo global?

Otro ejemplo, es Noruega, por ejemplo, con 7 personas fallecidas y 155 hospitalizadas, acaba de modificar las funciones de la mayoría de empleados públicos para unir fuerzas frente a la amenaza del coronavirus, adaptando las labores al nuevo escenario.

Leía la historia de Katja, recogida por la compañera Marta García Alle para el Confidencial, una psicóloga a la que su jefe le acababa de decir que su nuevo trabajo consistiría en ejercer de detective en busca de posibles contagiados de coronavirus: “Es como un rompecabezas, como una ‘cazadora de infecciones’ “

Después leía que la Unidad Militar de Emergencias (UME), encontraba cadáveres en residencias de mayores donde se estaban dando numerosos casos de COVID-19. De repente un escalofrío me ha invadido todo el cuerpo.

Es urgente hacer compatibles las tareas de los distintos profesionales para aunar esfuerzos en la lucha contra el enemigo común. No ponerlos al servicio de esta emergencia, sería un error más de los tantos que se van acumulando.

Fuente: Diario 16