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Abuelos bajo el sol

En su última tribuna, Arturo Pérez Reverte desarrolla la situación de desamparo a la que se enfrentan las personas mayores por la escasez de oficinas bancarias en diferentes puntos de la geografía española. Esta situación se acrecienta en verano, ya que muchas de ellas cierran y dejan sin acceso a dinero en efectivo a un sector de la población que utiliza este medio de pago para la mayor parte de sus transacciones:

«Tres mil de esas sucursales cerraron el año pasado y supongo que éste irá cerca. En cuanto a cajeros automáticos, 2020 liquidó un millar de terminales y veremos cómo acaba 2021. De momento, según el Banco de España, ya son 1.300.000 los españoles que viven sin bancos ni cajeros cerca. Y hay pueblos con muchos vecinos mayores de 60 tacos donde la distancia a la oficina bancaria más próxima es de 10 kilómetros.

A esos jubilados a quienes, no sólo no se permite retirar sus ingresos cuando y como quieran para dárselos al hijo o nieto que les apetezca; a quienes se fiscaliza cada euro como si fueran delincuentes pero tampoco se les deja tener dinero en casa sin que les caiga encima el Estado, sino que, además, los obligan a sufrir perplejos ante un teléfono móvil de última generación, descifrando aplicaciones y códigos endiablados que ni conocen ni comprenden. Obligándolos a buscar en su familia –quienes la tienen–, en los más jóvenes y acostumbrados a moverse por esos ámbitos incomprensibles, lo que los canallas que durante toda la vida se aprovecharon de sus modestos ahorros los obligan a encarar ahora con el cínico embuste de que así facilitan su vida.»

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